Se raya la mandioca.
Se exprime en el sebucán,
Se le saca el yare,
Se cierne el mañoco,
Se asa en el budare,
Se asolea un rato
Y listo para comer.
Durante más de treinta siglos
esta práctica ancestral ha sido una costumbre colectiva en la mayoría de los
pueblos Americanos.
El casabe es un pan ácimo que en
condiciones adecuadas puede conservarse en buen estado por años, esta cualidad
le permite ser símbolo de vida, siendo un recurso útil para no morir de
inanición en la inhóspita selva del caribe y la amazonia. Recurso que fue
empleado por el conquistador que usurpó nuestro oro, el mismo oro que junto con
el de África, le sirvió de moneda a los Medici de Italia para pagar a Miguel Ángel el Moisés
y de esta manera dinamizar el renacimiento en Europa, permitiendo así el
surgimiento de la edad moderna.
Cuando usted degusta un crujiente casabe no está comiendo un “pan de bobo “como despectivamente decían los españoles en cuba por
su insípido sabor, sino que a pesar de su fragilidad aparente, usted se está alimentando de una de
las causales por la que la humanidad hoy goza de un mundo moderno,
Cuando usted se come un casabe,
degústelo bien, pues en esa pequeña torta, usted se está comiendo el mundo.

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